Última actualización el Martes, 19 de Mayo de 2009 06:34
Ciencias Sociales
José Manuel Sánchez Ron
Una de las lecciones que aprendí en los escritos de Karl Popper -y antes en la vida, en la calle- es que no hay que insistir demasiado en los nombres; hasta cierto punto, claro. Viene esto a cuento porque no me importa -me parece bien, de hecho- que se utilice el nombre de «ciencias sociales» al hablar de disciplinas como la economía, sociología, política, historia, etc. Entiendo que la razón de semejante nombre se encuentra en el deseo de aproximarse lo más posible a las ciencias de la naturaleza. Este deseo de aproximación se manifiesta de muy diversas formas; el principal, mediante la utilización de técnicas matemáticas de análisis (estadísticas, por ejemplo). Se trata de ordenar y comparar datos mediante tales técnicas; de matematizar la disciplina en cuestión.
Pero una descripción matemática no es el único requisito que satisfacen las ciencias de la naturaleza. No hay ciencia -lo recuerdo una vez más- sin capacidad predictiva. Una capacidad que habitualmente se manifiesta mediante leyes matemáticas, universales dentro de su dominio de aplicabilidad. A veces, es cierto, también consideramos científicas ideas, teorías, que aún no han sido matematizadas (acaso nunca lo serán realmente), pero que poseen la habilidad, el poder de ordenar, mediante algunos principios generales. fenómenos observables, o de abrirnos dominios de la realidad que antes ignorábamos. El evolucionismo, o, aunque sea más debatible, las ideas psicoanalíticas de Freud (de ambas me ocupo en este diccionario), son ejemplos en este sen¬tido: El origen de las especies de Darwin no contiene ninguna ecuación matemática.
No creo que las disciplinas sociales que mencionaba antes hayan llegado todavía, ni que esté claro que lo hagan algún día, a semejante situación. Su capacidad de predicción es muy pequeña. Existen algunas leyes, es verdad, pero hay grandes diferencias entre las pretensiones y ámbitos de aplicabilidad de esas leyes y las leyes físicas, químicas o biológicas. Incluso cuando se trata de tratamientos estadísticos. Seguramente es porque la sociedad es más compleja que los, en algunos sentidos, elementales -o fundamentales, ahistóricos- fenómenos naturales. Para advertir de semejante diferencia, no para, en modo alguno, disminuir el valor de estas disciplinas sociales, he incluido esta entrada.
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