Última actualización el Jueves, 21 de Mayo de 2009 04:56
(...)
Los no científicos tienen la impresión muy arraigada de que los científicos son optimistas por pura superficia¬lidad, por ignorancia de la condición del hombre. Por otra parte, los científicos creen que los intelectuales literarios carecen por completo de visión anticipadora, que viven singularmente desentendidos de sus hermanos los hombres, que son en un profundo sentido anti-intelectuales, anhelosos de reducir tanto el arte como el pensamiento al momento existencial. Y así sucesivamente. Cualquiera que esté dotado de un ingenio discreto para la invectiva podría dar curso a un aluvión de estos dimes y diretes subterráneos. Tanto por un lado como por otro, los hay que no están totalmente desprovistos de fundamento. Pero todo ello es destructivo. Una gran parte se basa en tergiversaciones que son peligrosas.
(...)
Los científicos en cuanto grupo humano y social, caen en la trampa menos que otros. Tienden a impacientarse por ver si se puede hacer algo, y tienden asimismo a creer que en efecto puede hacerse, mientras no se demuestre lo contrario. Tal es su verdadero optimismo, un optimismo que a los demás nos está haciendo mucha, muchísima falta.
Como contrapartida, ese mismo espíritu, tenaz y bueno y resuelto a combatir hasta el fin al lado de sus hermanos los hombres, ha llevado a los científicos a mirar con desprecio las actitudes sociales de la otra cultura. Eso es demasiado fácil: algunas son en realidad despreciables, pero constituyen una fase temporal y no pueden tenerse por representativas.»
Las dos culturas y un segundo enfoque
C. P. Snow
Alianza Editorial, 1977


